La libertad financiera es algo imprescindible para alcanzar un estilo de vida sano. El dinero puede aportarnos felicidad, estabilidad, conocimiento, experiencias, tranquilidad… La falta de dinero puede aportarnos todo lo contrario.

El camino hacia la libertad financiera no es fácil:  pasa por eliminar las deudas, gastos innecesarios y planificar el futuro. Todos necesitamos dinero para vivir, pero muchas veces no tomamos las decisiones más acertadas en cuanto a cómo gestionarlo. La guía para sanear nuestras finanzas es simple y corta:

  • Presupuesta tu vida. Muchas veces no tenía ni idea de en qué gastaba el dinero. Terminaba el mes con el pensamiento de que parte de lo que tenía en la cuenta se había evaporado mágicamente porque no me cuadraban las cifras. Simplemente, gastaba sin medida y luego no me acordaba de qué había comprado. Así que opté por escribir mis gastos en papel día a día y llevar un seguimiento mensual. Si quieres saber cómo lo hice, lee sobre mi experiencia.

 

  • Piensa en tu yo futuro. Algo que terminó funcionando muy bien en mi caso, fue inmovilizar una parte del dinero que tenía en la cuenta, poniéndolo en un plazo fijo. No sólo conseguí no gastar nada si no que gracias a los intereses mis ahorros crecieron bastante. Mover nuestro dinero de forma que este genere intereses, es una forma de “pagar” a nuestro yo futuro.

 

  • Deshazte de la deuda. Las deudas no aportan valor ni generan beneficios, las deudas “buenas” no existen. Hasta que no nos deshacemos de ellas no nos sentimos completamente libres. Empezar por las más pequeñas es una buena forma de motivarnos, puesto que éstas son más fáciles de saldar y por tanto nuestra carga se reducirá más rápidamente.

 

  • Si no te lo puedes permitir, no te lo permitas. Comprar un coche de alta gama y endeudarse, es una decisión que puede traer consecuencias en el futuro. Para empezar, todo se deprecia, y rara vez podemos recuperar el dinero que hemos gastado en algo. Vive conforme a tus posibilidades económicas y  simplifica tus posesiones materiales.

 

Son tres pasos muy sencillos, pero conseguirlos toma su tiempo; se trata de cambiar los hábitos de toda una vida, pero pueden aplicarse a cualquiera y en cualquier circunstancia puesto que no depende de cuánto gane cada uno, si no del uso que cada uno da a los recursos que tiene.

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